Una de las salsas mas sencilla es elaborar es la salsa de queso, la cual solo nos llevará un par de minutos, sus ingredientes son leche, queso, sal y ajo. Esta es una receta nutritiva además que es saludable, natural y por si fuera poco económica.
En esta ocasión vamos a utilizar un queso fresco, lo encuentras en cualquier supermercado, sin embargo, a nivel mundial existen mas de 2.000 variedades, de ellos los más conocidos son el queso cheddar, el mozzarella y el parmesano.
A continuación, te dejamos la preparación de esta rica y nutritiva salsa, esperamos que la realices para acompañar tus comidas favoritas y sea de tu agrado.

Ingredientes
- 100 g de queso fresco sin sal
- 1 ½ de leche de vaca
- 1 pepa de ajo
- Sal al gusto
Preparación
- Ponemos todos los ingredientes en la licuadora, es decir el queso, la leche, el ajo y sal al gusto, los procesamos, dependiendo de la consistencia que queramos darle le vamos a aumenta más o menos leche.
Acompañamientos
Esta receta sirve para acompañar tus comidas de sal favoritas como son unas papas cocidas, una parrillada o la puedes usar en lugar de la mayonesa, puesto que es mucho más nutritiva, saludables y con un excelente sabor.
¿Sabías qué?
Se puede realizar el queso con cualquier tipo de leche, ya sea de cabra, oveja, burra, alce, etc. sin embargo, la leche que más se usa es la de vaca a nivel mundial.
El proceso de la elaboración del queso consiste en hacerlo cuajar y retirar el exceso de agua, es así que la palabra queso proviene del latín que significa ausencia de suero.
Preguntas frecuentes
Salsa de Queso es una receta tradicional que se prepara con ingredientes sencillos y una técnica casera que conserva su sabor auténtico.
El tiempo puede variar según la receta y la cantidad de porciones, pero normalmente se puede preparar siguiendo los pasos indicados en la receta.
Se puede acompañar con guarniciones tradicionales, bebidas típicas o complementos sencillos según la costumbre local.
Sí, en muchos casos se puede guardar en refrigeración en un recipiente cerrado y consumir al día siguiente, siempre revisando su frescura antes de servir.
Sí, puedes hacer pequeños ajustes según tus gustos, pero lo ideal es respetar los ingredientes principales para conservar el sabor tradicional.
